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Agricultores de Malasia piden rechazar un ensayo de arroz transgénico

Una coalición de 61 organizaciones malasias pidió a la Junta Nacional de Bioseguridad que rechace el ensayo propuesto por Zen Cropscience con arroz MR219 modificado genéticamente en Perak. El debate gira en torno a la contaminación, el uso de glifosato y la seguridad alimentaria, mientras la producción nacional cubre solo cerca de la mitad del consumo de arroz.

Agricultores de Malasia piden rechazar un ensayo de arroz transgénico

La coalición presenta una objeción formal

Una coalición de agricultores, asociaciones de consumidores y grupos ecologistas de Malasia está presionando a la Junta Nacional de Bioseguridad para que rechace un ensayo de campo con arroz modificado genéticamente. Las 61 organizaciones presentaron una objeción formal durante una consulta pública que terminó la semana pasada, según informó Associated Press en una información publicada por Newsday.

La solicitud de Zen Cropscience contempla un ensayo confinado en el norte del estado de Perak. El proyecto emplearía una versión genéticamente modificada de la variedad MR219, tolerante al herbicida glifosato y resistente a enfermedades causadas por bacterias y hongos. La coalición sostiene que la propuesta se parece a otra presentada en 2019 para un ensayo en el estado de Perlis, posteriormente abandonada.

Temor a la contaminación y a un mayor uso de herbicidas

La principal preocupación de los opositores es que el material genético modificado pueda alcanzar el arroz convencional o silvestre mediante polinización cruzada u otras vías. Según la coalición, la ley de bioseguridad de Malasia no ofrece protección jurídica ni mecanismos de compensación suficientes para los agricultores que sufran pérdidas económicas por la contaminación accidental de sus cultivos.

Las organizaciones también advierten de que la tolerancia al glifosato podría impulsar un uso más intensivo de herbicidas y acelerar la aparición de malas hierbas resistentes. Abdul Rashid Yob, dirigente de una asociación agrícola con 200.000 miembros en todo el país, citó la experiencia con el arroz Clearfield tolerante a herbicidas. La producción mejoró al principio, dijo, pero las malas hierbas desarrollaron resistencia rápidamente, lo que obligó a elevar las dosis de herbicida, aumentó los costes y deterioró la fertilidad del suelo.

La coalición afirma que podrían quedar residuos de glifosato en el arroz cosechado. También teme que el gen incorporado contra enfermedades fúngicas altere el valor nutricional o aumente los niveles de alérgenos y toxinas. Las evaluaciones del glifosato difieren: la agencia de investigación del cáncer de la Organización Mundial de la Salud lo clasificó en 2015 como probablemente cancerígeno para los seres humanos. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos considera que no es probable que sea cancerígeno, mientras la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria indicó en 2023 que no había identificado ámbitos críticos de preocupación para la salud humana, animal o ambiental.

El regulador destaca las medidas de confinamiento

La Junta Nacional de Bioseguridad señaló que el ensayo se realizaría dentro de una instalación cerrada con malla a prueba de insectos, situada en suelo industrial y lejos de zonas agrícolas. Por ello considera bajo el riesgo de polinización cruzada. Sin embargo, reconoció que aún no se han determinado los datos toxicológicos del arroz transgénico. No se ha anunciado cuándo adoptará una decisión definitiva.

La solicitud se limita a un ensayo de investigación y no autoriza el cultivo comercial. Aun así, la coalición pide cancelar el proyecto porque considera imposible controlar completamente los organismos modificados genéticamente una vez liberados al medioambiente. Como alternativas para gestionar malas hierbas y enfermedades, menciona otros métodos, incluida tecnología robótica japonesa capaz de retirar las malas hierbas con rapidez.

La decisión afecta al conjunto del sector arrocero malasio: los datos oficiales muestran que la producción nacional cubre solo cerca de la mitad del consumo. El regulador deberá comparar los posibles beneficios productivos y sanitarios con las responsabilidades por contaminación, los costes de los insumos y la aceptación del consumidor en un mercado que sigue dependiendo ampliamente del arroz importado.

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